jueves, 11 de febrero de 2010

Nostalgia a Q.9.99


Puedo rezar sin creer en Dios.



La melancolía debe saber ceder su puesto a la nostalgia.
Una abuela:
el mundo es una montaña de mierda y puedes llegar muy alto
pero no llegaras con las manos limpias.
El mundo era más lento,
la necesidad no era mucho más grande que lo inmediato,
Aunque ejercitados en la crueldad aún eramos ingenuos en la codicia
las cosas tenían su uso pero no eran tan intransigentes.
Pero un día nos secuestraron la ilusión y la compramos,
pasamos de la ignorancia a la evasión,
de cuartel a supermercado.
La nostalgia inventa el pasado.
El pesimismo es otra forma de cursilería.

martes, 2 de febrero de 2010

Mal trip


(Frank Auerbach)



(...)y llega esa breve hora
en que la soledad se marcha
sin llevarse sus maletas.

Javier Payeras.

Mal Trip
Se oye el escape del último que se va,
de los que nunca amanecen
espíritus sin regiones oscuras
que nunca sentirán esa fascinación
de verse por horas en el espejo percudido de un hotel barato,
con el soundtrack de una radio desatendida en algún rincón
(incluso la mejor música no es más
que un líquido viscoso en la garganta,
una forma de violencia contra el viento)
con los envases de licor en otro
y las miradas perdidas de todos en todas partes
y adonde quiera que veo me encuentro al olvido... mejor:
las sobras de tu recuerdo:
un bulto negro con tu silueta.

Pensando en tu silueta me acuesto.
¿En qué he de pensar?
La luz de la mañana tiene no sé qué de conciliatorio para con la sordidez del mundo.
Las sábanas tienen el grosor de la dignidad y la resaca acentúa el frío.
La poesía es una desintoxicación de esta impenitente vida de mierda.

lunes, 1 de febrero de 2010

Dos escenas

Escena Uno:

La adolescente sale feliz de la regadera. Dibuja una carita feliz en el espejo del baño. La madre, desde otra habitación, le grita -ni creás que vas a salir. En el espejo el vapor se condensa y un par de lágrimas surgen sobre el espejo.


Escena Dos:

A la hora de la nostalgia evocarán esta escena: En una camioneta Toyota Corolla del 88 (taxi de pueblo como les gustaba decirle) los dos sobre la sinuosa carretera hacia Cobán. En el entusiasmo del viaje se han metido con todo y ropa al río y el novio seca sus kickers aireándolos amarrados a la antena del auto. Se oye melodía final y a las cigarras.

sábado, 23 de enero de 2010

No hay más utopía que la del movimiento

(Alex Misfud)

La rapidez con la que el carro me alcanzó para luego limitarse a seguirme dio inicio a la sospecha de mi muerte, a pensar que siendo la muerte algo tan arbitrario como la simpatía, la enemistad o la mala suerte no era un hallazgo digno de sorpresa en esta ciudad de enemigos gratuitos y criminales impunes.

Probablemente sería la iniciación de un pandillero, el debut de un asesino que, esta posibilidad sí me inquietaba, no sabría hacer las cosas bien. O tal vez alguno de esos psicópatas a los que les he negado el paso en las horas pico del tráfico para luego cederlo a un conductor respetuoso, piloto que habrá acerado su memoria al calor de la frustración y debía recordar muy bien las señas de mi carro. En fin, lo único seguro es que el carro me seguía y conforme me alejé de las calles más transitadas el vehículo se me fue acercando cada vez ya con más descaro, sin tomarse la molestia de hacerlo desde otro carril o dejando un par de vehículos de por medio. Ahora venía pegado a mí y con las luces altas, lo que malogró mi deseo de ver el rostro de mi asesino.

De vocación suicida y algo aburrido de todo pensé que sería una insensatez intentar eludir mi destino. Era, de cierta manera, un sosiego. Siempre temí que la muerte me encontrara en alguna situación vergonzosa como un infarto en pleno estado defecatorio o por algún accidente debido a un descuido estúpido. Que la muerte me encontrara al regreso del supermercado luego de comprar papel higiénico era quizá de una escatología sutil y acudir al supermercado siempre a la hora del cierre tenía también algo de descuido estúpido pero no insistí al respecto, después de todo salir al encuentro de la muerte en cualquier tipo de viaje era algo que me parecía volverla un poco menos tajante. Muriendo así podía otorgar a mis seres queridos la licencia de entregarse a la embriaguez del dolor de un luto sin objeciones, brillante, sublimado por la barbarie y el desamparo.


Pero pensaba tanto en el duelo que me había olvidado de la muerte. Entonces imaginé a los pandilleros en plena camaradería jugando fútbol con mi cabeza en la bienvenida al nuevo homie en algún barrio marginal durante una soleada mañana de domingo e imaginé también el triste final de mi carro en una huesera o algún predio de la policía. Se asomó a mi viente un calor parecido a la nostalgia: los hijos que nunca tuve (ni quise tener)y el tiempo desperdiciado en los talleres de mecánica con su olor a gasolina, aceite y fricciones, parecido al que expede la gasolinera donde se detiene mi perseguidor, en el momento justo para desilusionarme.

martes, 19 de enero de 2010

jueves, 14 de enero de 2010

la vida sigue

El deportado baja de un bus en la apacible convulsión de una terminal de buses costeña. De regreso a esa tierra que ya nada le significa, una fila de casas teñidas de descuido, el marco de los primeros pasajes de su imaginación, todo familiar e indiferente, ahora es el deportado (con acento fingido, unos cuantos dólares de fácil desperdicio y todo), un estigma nuevo pero ya no duele, es un prejuicio como cualquier otro, yo sé que es difícil ser cool con tan poco dinero pero si la vida es loca debe continuar.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Mensaje guardado en botella en fondo de barranco

(Fernando Reyes)

Hace mucho tiempo escucho voces y ni una palabra
y mis ojos maltratados se refugian en la nada y se cansan
de ver un montón de caras y ni una mirada.

Callejeros, Una nueva noche fría.





Seduce el vértigo de la aniquilación


(soldados armados disuaden [¿?] a los suicidas)


las sirenas se oyen en todas partes


pero acá no atrae el canto de animales mitológicos


son las voces las que empujan.





Las covachas eclosionan en rincones insospechados,


(cada día la vida regatea una prórroga a la dignidad),


la luz naranja de la tarde intenta teñir


las paredes desnudas del asentamiento,


una atmósfera tranquila casi apacible,


acá donde hay algunas cosas que parecen y no hay nada que sea.


Hay un calorcito interno antes del fin


y la esperanza es gris porque está hecha


de ilusiones incineradas


reutilizadas


aquí las cosas son las mismas pero también nuevas


según cambian de manos.


Al fondo del barranco


la muerte continua fertilizando el olvido,


las frustraciones se heredan y hasta los sueños se reciclan



por eso este país es gris y verde


(todo suicidio es un performance poético).

jueves, 12 de noviembre de 2009

Pensamientos de un hombre cansado bebiendo café

(Andrée Tracy - Stay)



Una gran lista de pendientes,
en verdad enorme,
tacho uno hoy y quizá otro en 3 días.
El oficio doméstico se parece al descanso,
(el sonido de la lavadora
tiene no sé qué de hipnótico,
me siento a esperar la iluminación chejoviana)
el estudio se parece al sueño
y la soledad se robustece con las tareas.


Cuando pienso en soledad,
imagino un enorme plato blanco
y puedo oír el tenedor arañándolo
entre los restos de una cena recalentada y fría.
Ese sonido es el soundtrack de mi locura,
tengo pesadillas con él,
me da dentera,
me provoca pirosis,
intento aplacarlo,
es por eso que como mientras escribo,
o mientras oigo música
o mientras lavan el carro,
no importa, es siempre mientras "hago" algo;
por eso pienso que me haría bien tener varias vidas,
a todo suicida se le debería conceder esa prerrogativa:
todo lo inútil busca justificarse.


martes, 3 de noviembre de 2009

Hombre con prisa mirando reloj

(Josef Koudelka)




Mierda para las palabras sin sangre, mierda para los que explican la vida con elegancia y corrección gramatical.

Nélida Piñón, El jardín de los Olivos.

Te prometo anarquía me decís

con ese gesto... ¿cuál gesto?

Ese gesto inadvertidamente ostentoso

de quien se siente dueño de sus horas,

de quien puede renunciar a su independencia

porque vive entre sus libertades,

de quien me pide las horas de un reloj aceitado con renuncias.

Lo peor de todo es tu paciencia,

(sí, me aburre la gente que hace de mi

una buena persona)

dejá que la envidia

me corroa un poco el esófago,

porque podrás imprimir en ésta frente

la fecha de caducidad de mi tormento

pero eso no atemperará esta apurada desesperación.

Así es, los nudos de un capricho no se deshacen con caricias.

martes, 14 de julio de 2009

sunday morning




Los sábados en la noches la gente cuelga sus obligaciones en el perchero. Por alguna razón esto me produce tristeza, esa desnudez inadvertida, lo poco que es la gente sin sus obligaciones. Se emborracharan desnudos hoy y mañana amanecerán invisibles. La vida es un intento de alcanzar el cielo mientras la muerte nos alcanza, empolvados, en la construcción de una escalera que nunca será lo suficientemente alta. Debe haber otra manera. No se puede volar con pasos de piedra. La luz de la mañana glasea las cortinas. La abro. Hay un universo ahí afuera. No sé que hay acá adentro. El sosiego de la resignación, poco más, una eternamente renovada concesión a la mediocridad de no ser uno mismo. Nunca deja de asombrarme cómo puede construirse la vida sobre la renuncia. Así, últimamente mi vida depende de todo menos de mí, esa debería ser la verdadera definición de la pobreza.

(Fotografía: Angela Pablo)

miércoles, 1 de julio de 2009

Eugenesia




Dicen que en el futuro todos tendremos el fenotipo y el genotipo perfectos, con órganos que siempre se formarán bien y que no concerán la degeneración; así arribaremos a una vejez sin arrugas ni fatigas hasta que la imprudencia o la buena planificación demográfica lo decidan. Entonces todos los días serán miércoles, la felicidad caerá como lluvia y la historia será una anecdotario de pasiones incomprensibles cuya barbarie se diluye gracias al avasallador Avance de los Tiempos. Una sociedad así podrá inventarle cura hasta a la perplidad pero no al absurdo. Por eso imaginaba que tal vez en el futuro haya un hombre que engulla su alimento, calculado automáticamente a su peso y esfuerzo, y piense en todas esas labores a las que nos dedicamos ahora, tan prontas a la obsolencia. Y bueno, no mencionada eso porque me importe un carajo la caducidad de mi esfuerzo porque para entonces ya estaré bien muerto y olvidado. Solo me preguntaba si ese superhombre podrá sentir algo de la visceralidad de nuestra obstinada sobrevivencia.

martes, 23 de junio de 2009

like a rolling stone



No importa que tan alto se apunte la pedrada
siempre se termina en el piso.
Debe haber algún tipo de trascendencia en eso
pero hoy soy piedra y no movimiento.
Si tuviera la embriagante entrega del mártir
o la sosegada renuncia del santo
podría insuflarse en mí
algo menos perecedero que la esperanza.
Quisiera llorar pero apenas bostezo,
no se puede hacer piras con las cenizas de los muertos.