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jueves, 1 de diciembre de 2011

Pedazos de muertos


Un buen muerto
no deja fantasmas regados
se lleva íntegra su vida a la muerte,
sin el ruido recriminador de las cosas muertas,
sin la sorda rabia del abandono.
Un buen muerto no deja al duelo nada
sino una tristeza
sin más asidero que la memoria.

sábado, 28 de agosto de 2010

bus en llamas


Un borracho choca su carro
al salir de un putero,
su esposa se entera
y le echa de la casa.

Una chica vomita apoyada
en poste de energía eléctrica,
a su alrededor,
en todas las discotecas del mundo
hay una misma mueca perenne
de crítica e insatisfacción.

-Esto es la diversión-

Un muchacho sufre
las más increíbles privaciones
pero logra graduarse con honores
de la universidad,
para luego ganar una miseria.
Emigra, entonces,
a demoler edificios gringos
y ganar doce veces más.

-A esto se llama superación-

Una mujer pare un bebé
el cual, naturalmente, se vuelve un niño.
La madre se siente orgullosa
de llevarlo a doce horas de clases al día.
A veces se miran en la cena,
y se dan el beso de las buenas noches.
En su discurso de graduación
el hijo agradece
la educación que ha recibido.

-Esto es una madre responsable-

Un hombre ejemplar, digo
un hombre de muchas obligaciones y poco sueño,
hecho cafeína e hipertensión
muere de un infarto a los 58 años,
2 años antes de la jubilación.
En el velorio todos murmuran:
Así es la vida.

Otro hombre, aún no ejemplar
pero que empieza a abrirse paso por la vida,
aborda una camioneta
donde recibe un granadazo y la muerte.
Entre el humo, las ambulancias y la policía
la gente gimotea:
Así está la vida.

Luego se me presentan
ejércitos cuyo uniforme
está hecho de batas y sonrisas blancas,
ejércitos que insinúan
que el mundo se ha quedado sin misterios.

(no me di cuenta cuándo
hasta lo inútil debió hacerse eficiente.
Misterios, tal vez no, me digo,
pero  afortunadamenteme queda la ignorancia).






(Fotografía: David Cabrera)

jueves, 1 de julio de 2010




El tiempo pasa, la vida no tanto
los hábitos se subordinan a la conveniencia
y las horas se modula según la prudencia.
La rutina sigue siendo el mismo pan desabrido
pero por primera vez me veo tentado
a hincarle el diente.
Tanta afán enciclopédico
y llegar a darnos cuenta
de que la cultura termina volviéndose
una forma de intuición.
Así, logro intuir
que la vida cuando no es castigo es arrepentimiento.
De cualquier modo tenemos que apostar.
Apostar y esperar.
Lo más difícil es la espera

lunes, 7 de junio de 2010

Insomne viendo amanecer



Hoy amanece lloviendo,
La habitación se inunda de murmullos,
el cielo echa su sábana gris
la pereza se adueña de la voluntad
Y aunque el desvelo me acolchone los sentidos
La conciencia también reserva
Su mayor colorido para la despedida.
Los muebles crujen
Junto con mis huesos.
Habría que callarles
Con un barniz de caricias
pero soy el único bulto en la habitación.
A cambio
Tomo un café en la ventana
y el vaho se escapa,
el aire sigue siendo frío y limpios
al menos por las mañanas,
la luz del sol
invierte el sentido de las horas,
Tengo varias ideas apelmazadas
Y un segundo par de párpados
Que no he abierto
Y que me filtran la vida.
El problema de los días como hoy
Es que pierdo el sentido del tiempo
Porque los astros pasan
Sin despedirse.
La gente en la calle
También pasa de largo
La pobreza sigue siendo
La más efectiva
Forma de anonimato.


(Fotografía: Loren Baxter)

domingo, 25 de abril de 2010

Ventana de hotel

No se puede evitar llegar a cierta edad
y descubrir con vergüenza lo evidente
de ciertos hechos de la vida,
entonces abrir la ventana del hotel
de cualquier paraíso
y pensar cosas tan evidentes,
como por ejemplo:
que recorrer la senda del deseo
no es lo mismo que darle alcance,
que el deseo lleva inscrito
su fecha de caducidad,
que una satisfacción a destiempo
deja la misma plenitud
de un bocado arrebatado.

jueves, 25 de febrero de 2010





Supe que mentía cuando vi que sus manos estaban limpias. Me abordó de forma inadvertida en la gasolinera de la salida Sur de Quetzaltenango. Me dijo que lo habían asaltado, que era lustrador, que le habían robado hasta su caja de lustre, que debía presentarse a su casa con 50 quetzales o su padre lo golpearía. Lo más probable es que me mintiera pero esas manos sin betún me parecieron menos importantes que la angustia casi palpable que se le dibujaba en el rostro. Lo analice rápidamente: indudablemente pobre; tenía el rostro de un niño de 7 años pero el tamaño de uno de 5: desnutrición; moreno, tenía un acento como de letanía y aunque de correcta dicción tenía dificultad con el uso de los pronombres: indígena; tenía también un abdomen distendido y ruidoso: parasitismo. En fin, pensé, todas esas cosas que supuestamente están en la agenda del gobierno pero que nunca llegan a ponerle rostro. Le pregunté que cuánto le hacía falta y me respondió que Q.20. Se los di y le ofrecí llevarlo a casa. Me dijo que vivía del otro lado, no sabía el nombre del barrio ni la calle, que era el camino que lleva al volcán Santa María. –No es un buen lugar para ir de noche –pensé. Igual arranqué y al pasar por un restaurante iba a preguntarle si había comido algo, reparé al instante en lo estúpido de la pregunta. Sin preguntarle decidí comprar una cajita feliz. Con tanto niño maltratado en el hospital me di cuenta de que la actitud que muestran los niños ante la vida puede valorarse con la reacción ante un juguete. Es difícil explicar la alegría que se ve en los ojos de un triste. Es algo así como un brillo afelpado. No olvidaré que me preguntó si el juguete también se comía. Con esfuerzo logré reprimir el deseo de imaginar sus navidades. La casa no estaba tan lejos como imaginé, estaba a la orilla de un cerro, supuse que sería un terreno invadido. La construcción era de madera y de lámina. Había un pantalón con restos de concreto y una paleta de albañil que delataban el oficio del padre. Imaginé la contundencia de sus golpes. A manera de despedida le pregunté que qué haría mañana. –Lo mismo de siempre –dijo alzando los hombres y caminando a su casa con aire retraído. Y yo, que de forma ridícula había creído que aquel niño renovaría su fe en la humanidad, que analizaría su vida, que regresaría o iría por primera vez a la escuela, en fin, que de alguna manera dejaría una huella permanente en su vida, hube de reconocer que habría respondido de idéntica manera.

(Fotografía: Eny Hernández)

martes, 23 de febrero de 2010

5 pm






La hora del café,
la gente está por todas partes,
los excesivos cafés de la ciudad están llenos.
Hay demasiado entretenimiento y muy poca alegría.
Indiferencia.
Aunque hay veces en que la frivolidad
puede ser una sustituta aceptable del silencio.

martes, 19 de enero de 2010

sábado, 12 de diciembre de 2009

Mensaje guardado en botella en fondo de barranco

(Fernando Reyes)

Hace mucho tiempo escucho voces y ni una palabra
y mis ojos maltratados se refugian en la nada y se cansan
de ver un montón de caras y ni una mirada.

Callejeros, Una nueva noche fría.





Seduce el vértigo de la aniquilación


(soldados armados disuaden [¿?] a los suicidas)


las sirenas se oyen en todas partes


pero acá no atrae el canto de animales mitológicos


son las voces las que empujan.





Las covachas eclosionan en rincones insospechados,


(cada día la vida regatea una prórroga a la dignidad),


la luz naranja de la tarde intenta teñir


las paredes desnudas del asentamiento,


una atmósfera tranquila casi apacible,


acá donde hay algunas cosas que parecen y no hay nada que sea.


Hay un calorcito interno antes del fin


y la esperanza es gris porque está hecha


de ilusiones incineradas


reutilizadas


aquí las cosas son las mismas pero también nuevas


según cambian de manos.


Al fondo del barranco


la muerte continua fertilizando el olvido,


las frustraciones se heredan y hasta los sueños se reciclan



por eso este país es gris y verde


(todo suicidio es un performance poético).

jueves, 12 de noviembre de 2009

Pensamientos de un hombre cansado bebiendo café

(Andrée Tracy - Stay)



Una gran lista de pendientes,
en verdad enorme,
tacho uno hoy y quizá otro en 3 días.
El oficio doméstico se parece al descanso,
(el sonido de la lavadora
tiene no sé qué de hipnótico,
me siento a esperar la iluminación chejoviana)
el estudio se parece al sueño
y la soledad se robustece con las tareas.


Cuando pienso en soledad,
imagino un enorme plato blanco
y puedo oír el tenedor arañándolo
entre los restos de una cena recalentada y fría.
Ese sonido es el soundtrack de mi locura,
tengo pesadillas con él,
me da dentera,
me provoca pirosis,
intento aplacarlo,
es por eso que como mientras escribo,
o mientras oigo música
o mientras lavan el carro,
no importa, es siempre mientras "hago" algo;
por eso pienso que me haría bien tener varias vidas,
a todo suicida se le debería conceder esa prerrogativa:
todo lo inútil busca justificarse.