jueves, 25 de noviembre de 2010

Hay días en que el aburrimiento es peor que el odio


Ellos viven en una casa
de focos tenues y sin plafoneras,
de suéteres percudidos tendidos al Sol
y paredes con salitre,
suficientes para sentirse aislados
pero no para sentirse a solas,
seres a los que de tanta apuesta por el futuro
solo les quedó, para sobrevivir,
la caja chica del tiempo
y que sus vidas quepan en un etcétera
de la gente que tiene la sonrisa completa
y que guarda siempre una última esperanza
en un bolsillo secreto.
 Pero yo los veo
a través de una ventana de vidrios despulidos
y de las degradaciones naranjas de la tarde,
a esa misma pareja acompañada de una guitarra vieja
con la que cantan
la versión subtitulada de sus sueños
y algo parecido a la envidia
me araña el esófago.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Es tarde, se oye un carro, seguro irá muy lejos



Entonces, a eso de las 3 o 4
el miedo de no despertar
sustituye al deseo de dormir.
Se distrae con cualquier cosa,
como la televisión,
una película de miedo
en la que es viable algo así
como un horror retrospectivo,
la certeza de que toda superstición
es más fuerte que las balas,
piensa en eso
y en que no hay suficientes películas
que terminen con un hombre viendo televisión

domingo, 12 de septiembre de 2010

robando

(Jean Marie Simon)


Hurto a Costa Sin Mar y a Vallejo


Una mujer le pasa lista a sus 24 hijos por las noches
¿mencionar algo de la abundancia de Lope?

Un limosnero ciego repite la misma canción en todos los buses
¿decirle "recurso" a la aliteración?

Mujeres sin calzones inundan las discotecas
¿con qué ganas agradecer el verso libre?

Un hombre mira porno con las ventanas abiertas
¿debo leer lo último en telecomunicaciones?

Un policia con bigote se despide de beso de su hijo
¿me ahorro los 30 dólares del último libro de Chomsky?

A una mujer se le congela un implante de teta en el invierno
¿dónde aprendo a decir "deshumanización de la medicina" sin reírme?

Un narco me regala un ejemplar de su periódico
¿enorgullecerme de mi premio de ortografía del colegio?

Un sacerdote se levanta la sotana para sacarse un billete
¿sobrevivir sin estornudar en los bancos?

A una bailarina se le escapa un pedo durante una presentación
¿con qué aliciente renunciar a la coca-cola?

Hoy en la mañana quebré mis anteojos y no pude usar el carro
¿importarme si el hombre viajó a la luna?

Un emo se está tiñendo el pelo de rosa
¿aprenderme los efectos adversos del prozac?

Mi loro aprendió canciones de los Backstreet Boys
¿discutir sobre la existencia del purgatorio?

Alguien protesta contra un acajero automático descompuesto
¿cómo hablar de locura sin parecerlo?

miércoles, 1 de septiembre de 2010

caleidoscopio



Es fácil negar a Dios
cuando no se le necesita
pero cualquier día,
uno va por la calle de siempre
y se encuentra
con un cañón en la frente
o un cuchillo en el cuello.

Mal, mal, creíste que la sociedad
era un cáncer que nunca iba a tocarte.
Lo siento, el mal no tiene rostro,
o es mucho más sereno que lo que creías.
Y tu desgracia, nace de cosas tan insignificantes.
De una mujer
que califica a sus amantes por el peso de la billetera
o de un vecindario que se burla de la ropa vieja.
Te lo digo, el crimen es un viejo cursi
con un trabajo violento.

Entonces, vos, un tipo desprevenido
en una calle propicia...
Podés haberte rifado el pellejo,
o haberte cagado del miedo,
al final, vos, precisamente vos,
te quedás tirado esperando el milagro
(el miedo es el mejor evangelista).
Los tímpanos te zumban de indiferencia.
Y luego,
el sabor amargo en la garganta.
puede
la sangre que te sube,
o el alma que se va,
puede ser que Dios
nos haga un nudo en la lengua
para que no revelemos sus secretos
durante el viaje.

Bueno, eso fue todo.
Lográs atestiguar que el mundo no dejó de girar.
No hubo un caleidoscopio de experiencias felices.
Si es que hubo milagro, no fue el que esperabas
(¿es posible de otra manera?).
Quizá sí lo hubo:
una mujer llega,
con el maquillaje descompuesto,
a la cita más importante de su vida.
Algo de la vida en fuga se conmueve cuando dice:
Ese cuerpo es mi muerto.

Cuando las aguas se calmen
escribiré en tu lápida
que el amor es un ejercicio de memoria
(y la ley, una puta inaccesible).

sábado, 28 de agosto de 2010

bus en llamas


Un borracho choca su carro
al salir de un putero,
su esposa se entera
y le echa de la casa.

Una chica vomita apoyada
en poste de energía eléctrica,
a su alrededor,
en todas las discotecas del mundo
hay una misma mueca perenne
de crítica e insatisfacción.

-Esto es la diversión-

Un muchacho sufre
las más increíbles privaciones
pero logra graduarse con honores
de la universidad,
para luego ganar una miseria.
Emigra, entonces,
a demoler edificios gringos
y ganar doce veces más.

-A esto se llama superación-

Una mujer pare un bebé
el cual, naturalmente, se vuelve un niño.
La madre se siente orgullosa
de llevarlo a doce horas de clases al día.
A veces se miran en la cena,
y se dan el beso de las buenas noches.
En su discurso de graduación
el hijo agradece
la educación que ha recibido.

-Esto es una madre responsable-

Un hombre ejemplar, digo
un hombre de muchas obligaciones y poco sueño,
hecho cafeína e hipertensión
muere de un infarto a los 58 años,
2 años antes de la jubilación.
En el velorio todos murmuran:
Así es la vida.

Otro hombre, aún no ejemplar
pero que empieza a abrirse paso por la vida,
aborda una camioneta
donde recibe un granadazo y la muerte.
Entre el humo, las ambulancias y la policía
la gente gimotea:
Así está la vida.

Luego se me presentan
ejércitos cuyo uniforme
está hecho de batas y sonrisas blancas,
ejércitos que insinúan
que el mundo se ha quedado sin misterios.

(no me di cuenta cuándo
hasta lo inútil debió hacerse eficiente.
Misterios, tal vez no, me digo,
pero  afortunadamenteme queda la ignorancia).






(Fotografía: David Cabrera)

jueves, 5 de agosto de 2010

amores que nacen cansados


Llueve, es de noche y es Guatemala -le dice, y con esto la convence de llevarla a su casa. Nunca había pensado sacar ventaja de la delincuencia pero hay horas en que el cansacio y la noche vuelven legítimo todo deseo. Se suben al auto, en el transcurso él piensa en los muslos de ella y en los malditos baches, mientras ella lo recuerda en el desorden de la casa y tantea el qué dirán los vecinos. Llegan a casa y por un momento todos los sueños mediocres del mundo se cristalizan en un abrazo, dos pares de brazos cálidos que prometen amor y seguridad, mientras, al fondo hay una cafetera que hace demasiado ruido.

domingo, 25 de julio de 2010

Nuevo blog: Los desalojados

A partir de hoy estaré participando en un nuevo blog: Los desalojados, http://losdesalojos.blogspot.com/  Un blog a seis manos, tres voces y un mismo eje poético: Andrés, Julio y su servidor; así que ya saben, visiten, lean, disfruten y comenten

jueves, 1 de julio de 2010




El tiempo pasa, la vida no tanto
los hábitos se subordinan a la conveniencia
y las horas se modula según la prudencia.
La rutina sigue siendo el mismo pan desabrido
pero por primera vez me veo tentado
a hincarle el diente.
Tanta afán enciclopédico
y llegar a darnos cuenta
de que la cultura termina volviéndose
una forma de intuición.
Así, logro intuir
que la vida cuando no es castigo es arrepentimiento.
De cualquier modo tenemos que apostar.
Apostar y esperar.
Lo más difícil es la espera

lunes, 7 de junio de 2010

Insomne viendo amanecer



Hoy amanece lloviendo,
La habitación se inunda de murmullos,
el cielo echa su sábana gris
la pereza se adueña de la voluntad
Y aunque el desvelo me acolchone los sentidos
La conciencia también reserva
Su mayor colorido para la despedida.
Los muebles crujen
Junto con mis huesos.
Habría que callarles
Con un barniz de caricias
pero soy el único bulto en la habitación.
A cambio
Tomo un café en la ventana
y el vaho se escapa,
el aire sigue siendo frío y limpios
al menos por las mañanas,
la luz del sol
invierte el sentido de las horas,
Tengo varias ideas apelmazadas
Y un segundo par de párpados
Que no he abierto
Y que me filtran la vida.
El problema de los días como hoy
Es que pierdo el sentido del tiempo
Porque los astros pasan
Sin despedirse.
La gente en la calle
También pasa de largo
La pobreza sigue siendo
La más efectiva
Forma de anonimato.


(Fotografía: Loren Baxter)

martes, 1 de junio de 2010

Desastres

Había dicho que no volvería a escribir pero no puedo. Asqueante todo esto. Los desastres dictando la lección a un auditorio ocupado en la sobrevivencia. El gobierno y los oligarcas buscando, como siempre, hacer negocio del mismo. Y nada, siempre nada o quizá siempre lo mismo. Hoy estaba leyendo las comparaciones entre el Stan, el Mitch y Agatha. ¿Y cómo se mide una tragedia? ¿acaso para serlo no requiere precisamente de la inconmensurabilidad? ¿Qué parámetros se utilizan para jerarquizar el infortunio? ¿Es según la cantidad de muertos que postula la gravedad de lo irreparable? ¿Es según el costo pecuniario como la medida de todo? ¿Y ahora? Vuelta a la normalidad, a la ignorancia, al olvido en que nos sumerge la rutina, a la paulatina recuperación de los hábitos. Los unos profundizando en su impotencia, refugiándose en un fatalismo religioso que les parece, les absolverá de su negligencia. Los otros a seguir defendiendo el derecho de llave de su rincón del paraíso, molestos por lo daños en los caminos y las carreteras obstruidas, recordándoles que este país no va a ninguna parte.

sábado, 15 de mayo de 2010

Bajo el vidrio del auto mientras conduzco: el viento, la milpa, el fútbol, los hijos. Es increíble cómo se puede dedicar la vida a algo y aún así hacerlo tan mal. Ahora es cuando dejo de escribir. Gracias a todos.

jueves, 6 de mayo de 2010

Habitación desordenada




Nadie a quien llamar
los dedos gastan las teclas
del teléfono
en busca de algú nombre
en sintonía con mi abandono.

Disculpen si no abro la puerta
o no llego a la fiesta del viernes
la amistad siempre brilla
pero hay ciertas veces
en que lo hace como bombillo empolvado
y la vida tiene el sabor y la textura
de un cuento infantil enmohecido.


(Imagen: Edward Hopper - Habitación de hotel)

martes, 27 de abril de 2010

Ciudad de Guatemala, vista nocturna





Esta ciudad es
la metáfora incongruente de nuestros deseos,
una constante renovación de la mediocridad
para revitalizar el desencanto.

Hay demasiados vehículos y pocos lugares
a dónde escapar
de las calles baratas
que ciertas noches
encuadran los delirios de la nostalgia
y a un tiempo a esa despistada innovación
a la que algunos ilusos llamamos progreso.

El tiempo avanza.
Y todas las noches lo mismo.
Calles que cauterizan
la condena del domicilio,
perros disputándose desechos
cerca de las fogatas de los indigentes.
Calles que son cuna de gente temerosa y hostil,
siempre arrullados por la violencia,
devenidos en exegetas de la crueldad,
que en casas grises de techos oxidados,
gente, mis hermanos, en fin...
gente que cada noche circunda la órbita de su fracaso.

(en la banca de un parque hay un viejo,
desafiante o imprudente, no lo sé,
se lamenta como lo haría un amputado:
poniendo su dolor en algo que ya no existe.)

Pequeña república de barbarie taciturna
nuestro desafortunado porte y pasaporte
hace que te necesitemos con desprecio.



(Fotografía: Eny Hernández)

domingo, 25 de abril de 2010

Ventana de hotel

No se puede evitar llegar a cierta edad
y descubrir con vergüenza lo evidente
de ciertos hechos de la vida,
entonces abrir la ventana del hotel
de cualquier paraíso
y pensar cosas tan evidentes,
como por ejemplo:
que recorrer la senda del deseo
no es lo mismo que darle alcance,
que el deseo lleva inscrito
su fecha de caducidad,
que una satisfacción a destiempo
deja la misma plenitud
de un bocado arrebatado.

jueves, 25 de febrero de 2010





Supe que mentía cuando vi que sus manos estaban limpias. Me abordó de forma inadvertida en la gasolinera de la salida Sur de Quetzaltenango. Me dijo que lo habían asaltado, que era lustrador, que le habían robado hasta su caja de lustre, que debía presentarse a su casa con 50 quetzales o su padre lo golpearía. Lo más probable es que me mintiera pero esas manos sin betún me parecieron menos importantes que la angustia casi palpable que se le dibujaba en el rostro. Lo analice rápidamente: indudablemente pobre; tenía el rostro de un niño de 7 años pero el tamaño de uno de 5: desnutrición; moreno, tenía un acento como de letanía y aunque de correcta dicción tenía dificultad con el uso de los pronombres: indígena; tenía también un abdomen distendido y ruidoso: parasitismo. En fin, pensé, todas esas cosas que supuestamente están en la agenda del gobierno pero que nunca llegan a ponerle rostro. Le pregunté que cuánto le hacía falta y me respondió que Q.20. Se los di y le ofrecí llevarlo a casa. Me dijo que vivía del otro lado, no sabía el nombre del barrio ni la calle, que era el camino que lleva al volcán Santa María. –No es un buen lugar para ir de noche –pensé. Igual arranqué y al pasar por un restaurante iba a preguntarle si había comido algo, reparé al instante en lo estúpido de la pregunta. Sin preguntarle decidí comprar una cajita feliz. Con tanto niño maltratado en el hospital me di cuenta de que la actitud que muestran los niños ante la vida puede valorarse con la reacción ante un juguete. Es difícil explicar la alegría que se ve en los ojos de un triste. Es algo así como un brillo afelpado. No olvidaré que me preguntó si el juguete también se comía. Con esfuerzo logré reprimir el deseo de imaginar sus navidades. La casa no estaba tan lejos como imaginé, estaba a la orilla de un cerro, supuse que sería un terreno invadido. La construcción era de madera y de lámina. Había un pantalón con restos de concreto y una paleta de albañil que delataban el oficio del padre. Imaginé la contundencia de sus golpes. A manera de despedida le pregunté que qué haría mañana. –Lo mismo de siempre –dijo alzando los hombres y caminando a su casa con aire retraído. Y yo, que de forma ridícula había creído que aquel niño renovaría su fe en la humanidad, que analizaría su vida, que regresaría o iría por primera vez a la escuela, en fin, que de alguna manera dejaría una huella permanente en su vida, hube de reconocer que habría respondido de idéntica manera.

(Fotografía: Eny Hernández)
Cada día aparezco con más amigos en el facebook. Parece que mi corazón también sufre de exceso demográfico.

martes, 23 de febrero de 2010

5 pm






La hora del café,
la gente está por todas partes,
los excesivos cafés de la ciudad están llenos.
Hay demasiado entretenimiento y muy poca alegría.
Indiferencia.
Aunque hay veces en que la frivolidad
puede ser una sustituta aceptable del silencio.

viernes, 19 de febrero de 2010

Los perros en la carretera







Manejando de regreso a mi casa
perdí la cuenta de los perros en el asfalto.
Quedarán ahí, amorfos,
como la mancha que fueron al mundo
(¿en qué rincón del olvido se empolvan los anónimos?).
Llego a mi casa y estaciono el auto,
las llantas con sangre y la conciencia tranquila.
Cerradura, refrigerador, horno.
Hoy siento que la tecnología es no solo una comida segura,
es también una rapidez que atropella.
La modernidad como un feudo con electrodomésticos.
Spike llega moviendo la cola atraído por la comida.
Spike es mi mascota, guardián y compañía.
Siempre la utilidad como subordinación.
Spike no morirá en la carretera.
Spike tiene casa, collar, un patio, colchón y sus platos.
El morirá de viejo como su padre.
Tendrá osteoporosis y le serviré calcio en polvo.
Cuando muera lo enterraré.
Del lugar donde lo entierre saldrá flores amarillas.
Y tal vez ponga una cruz con su nombre.
Solo los perros con dueño con nombre.
Siempre los perros en el asfalto como manchas sin nombre.
Siempre los hombres sin nombre como dueños de nada.

jueves, 11 de febrero de 2010

Nostalgia a Q.9.99


Puedo rezar sin creer en Dios.



La melancolía debe saber ceder su puesto a la nostalgia.
Una abuela:
el mundo es una montaña de mierda y puedes llegar muy alto
pero no llegaras con las manos limpias.
El mundo era más lento,
la necesidad no era mucho más grande que lo inmediato,
Aunque ejercitados en la crueldad aún eramos ingenuos en la codicia
las cosas tenían su uso pero no eran tan intransigentes.
Pero un día nos secuestraron la ilusión y la compramos,
pasamos de la ignorancia a la evasión,
de cuartel a supermercado.
La nostalgia inventa el pasado.
El pesimismo es otra forma de cursilería.

martes, 2 de febrero de 2010

Mal trip


(Frank Auerbach)



(...)y llega esa breve hora
en que la soledad se marcha
sin llevarse sus maletas.

Javier Payeras.

Mal Trip
Se oye el escape del último que se va,
de los que nunca amanecen
espíritus sin regiones oscuras
que nunca sentirán esa fascinación
de verse por horas en el espejo percudido de un hotel barato,
con el soundtrack de una radio desatendida en algún rincón
(incluso la mejor música no es más
que un líquido viscoso en la garganta,
una forma de violencia contra el viento)
con los envases de licor en otro
y las miradas perdidas de todos en todas partes
y adonde quiera que veo me encuentro al olvido... mejor:
las sobras de tu recuerdo:
un bulto negro con tu silueta.

Pensando en tu silueta me acuesto.
¿En qué he de pensar?
La luz de la mañana tiene no sé qué de conciliatorio para con la sordidez del mundo.
Las sábanas tienen el grosor de la dignidad y la resaca acentúa el frío.
La poesía es una desintoxicación de esta impenitente vida de mierda.

lunes, 1 de febrero de 2010

Dos escenas

Escena Uno:

La adolescente sale feliz de la regadera. Dibuja una carita feliz en el espejo del baño. La madre, desde otra habitación, le grita -ni creás que vas a salir. En el espejo el vapor se condensa y un par de lágrimas surgen sobre el espejo.


Escena Dos:

A la hora de la nostalgia evocarán esta escena: En una camioneta Toyota Corolla del 88 (taxi de pueblo como les gustaba decirle) los dos sobre la sinuosa carretera hacia Cobán. En el entusiasmo del viaje se han metido con todo y ropa al río y el novio seca sus kickers aireándolos amarrados a la antena del auto. Se oye melodía final y a las cigarras.

sábado, 23 de enero de 2010

No hay más utopía que la del movimiento

(Alex Misfud)

La rapidez con la que el carro me alcanzó para luego limitarse a seguirme dio inicio a la sospecha de mi muerte, a pensar que siendo la muerte algo tan arbitrario como la simpatía, la enemistad o la mala suerte no era un hallazgo digno de sorpresa en esta ciudad de enemigos gratuitos y criminales impunes.

Probablemente sería la iniciación de un pandillero, el debut de un asesino que, esta posibilidad sí me inquietaba, no sabría hacer las cosas bien. O tal vez alguno de esos psicópatas a los que les he negado el paso en las horas pico del tráfico para luego cederlo a un conductor respetuoso, piloto que habrá acerado su memoria al calor de la frustración y debía recordar muy bien las señas de mi carro. En fin, lo único seguro es que el carro me seguía y conforme me alejé de las calles más transitadas el vehículo se me fue acercando cada vez ya con más descaro, sin tomarse la molestia de hacerlo desde otro carril o dejando un par de vehículos de por medio. Ahora venía pegado a mí y con las luces altas, lo que malogró mi deseo de ver el rostro de mi asesino.

De vocación suicida y algo aburrido de todo pensé que sería una insensatez intentar eludir mi destino. Era, de cierta manera, un sosiego. Siempre temí que la muerte me encontrara en alguna situación vergonzosa como un infarto en pleno estado defecatorio o por algún accidente debido a un descuido estúpido. Que la muerte me encontrara al regreso del supermercado luego de comprar papel higiénico era quizá de una escatología sutil y acudir al supermercado siempre a la hora del cierre tenía también algo de descuido estúpido pero no insistí al respecto, después de todo salir al encuentro de la muerte en cualquier tipo de viaje era algo que me parecía volverla un poco menos tajante. Muriendo así podía otorgar a mis seres queridos la licencia de entregarse a la embriaguez del dolor de un luto sin objeciones, brillante, sublimado por la barbarie y el desamparo.


Pero pensaba tanto en el duelo que me había olvidado de la muerte. Entonces imaginé a los pandilleros en plena camaradería jugando fútbol con mi cabeza en la bienvenida al nuevo homie en algún barrio marginal durante una soleada mañana de domingo e imaginé también el triste final de mi carro en una huesera o algún predio de la policía. Se asomó a mi viente un calor parecido a la nostalgia: los hijos que nunca tuve (ni quise tener)y el tiempo desperdiciado en los talleres de mecánica con su olor a gasolina, aceite y fricciones, parecido al que expede la gasolinera donde se detiene mi perseguidor, en el momento justo para desilusionarme.

jueves, 14 de enero de 2010

la vida sigue

El deportado baja de un bus en la apacible convulsión de una terminal de buses costeña. De regreso a esa tierra que ya nada le significa, una fila de casas teñidas de descuido, el marco de los primeros pasajes de su imaginación, todo familiar e indiferente, ahora es el deportado (con acento fingido, unos cuantos dólares de fácil desperdicio y todo), un estigma nuevo pero ya no duele, es un prejuicio como cualquier otro, yo sé que es difícil ser cool con tan poco dinero pero si la vida es loca debe continuar.