martes, 4 de junio de 2013

Sábado 13 de octubre de 1984


A las tres treinta de la mañana.
Nací en la agonía
de una fiesta polémica.
Quizá por eso me gustan
las horas melancólicas
del fin de la fiesta.

Fui un niño
y me vistieron de azul
para tener un horizonte lejano
al cual proyectar mi futuro.
Tan diáfano, infinito, ilimitado
que tropiezo y pierdo el rumbo
a cada instante.

Me acompañan un piano, dos guitarras
y muchos libros
que se empolvan.
Estudié algo para ayudar a los demás
pero ya no puedo ni conmigo.

Tengo cabeza, estómago, testículos
próstata, corazón y pulmones.
Tengo un cuerpo que nunca ha sido reprimido,
pero que debe ser exprimido.
Aún no sé con qué propósito.
Cuando lo sepa te lo cuento.

(esto era una parodia)

lunes, 23 de abril de 2012

Caminos



Siempre quise vivir en un país grande
uno de esos donde los tipos como yo
agarran su carro y conducen por horas,
hasta llegar a algún lugar
donde la reinvención parezca posible,
donde la pobreza luzca más acogedora.

No tuve esa suerte.
Debo conducir por caminos que se acaban
antes de encontrarle una tregua a mi angustia
o al temor de haber nacido
sin ningún talento que me rescate de mi destino.

De todas formas,
la gente y las cosas tienen el mismo ruido de lluvia
el mismo aspecto de acuarelas escurridas.
Sólo que acá hemos vivido
las distintas permutaciones de la frustración.

Tenemos pocas opciones.
Y eso es la lucha.
Que un día podamos apostarlo todo
sin los bolsillos vacíos.

viernes, 6 de enero de 2012

Polaroid del fracaso





No sospechamos a tiempo
que estos carriles invisibles
terminaban en un callejón sin salida
en un barrio de arquitectura improvisada
de matrimonios en crisis que
hacen la danza de las miradas esquivas
de adolescentes alegres
a los que el mundo se les escurre de las manos.
Creímos que la vida sería una película
donde nos seguiríamos adueñando de las carreteras en sus horas desiertas
proveyéndonos de abundantes alegrías a precios accesibles.
Que sería esa alegría inadvertida
que se estrellaba en la garganta como las olas en un dique.
No nos dimos cuenta
de que la paciencia que no necesitábamos
se nos agotó esperando una plenitud que ya teníamos.
Empezamos a encontrarnos sin historias nuevas,
con el cansancio acumulado en la lengua.
No previmos este desfasado envejecimiento,
en las interminables noches solitarias,
ni en los rostros fluorescentes frente al televisor
y sus gestos perdidos sin destinatarios,
tampoco en las largas noches consumidos por los remordimientos
como cigarrillos en una habitación mal iluminada.
Olvidamos el atardecer diáfano
en que confundimos la resignación con el optimismo
cuando los tropezones se volvieron caídas libres
cuando las mentiras dejaron de ser suficientes
hasta para cobijarnos a nosotros mismos.
Hoy es ese día de envidiar la alegría
desde la ventana.
Hoy es día de dejarnos aceptar el fracaso
como un cadáver puesto sobre el hormiguero.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Pedazos de muertos


Un buen muerto
no deja fantasmas regados
se lleva íntegra su vida a la muerte,
sin el ruido recriminador de las cosas muertas,
sin la sorda rabia del abandono.
Un buen muerto no deja al duelo nada
sino una tristeza
sin más asidero que la memoria.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Terraza III (voyeurismo de madrugada)



Llega la hora en que la gente
se impregna de la oscuridad de la noche,
la hora en que la oscuridad es doblemente densa
la hora en que todas las luces son impúdicas
(la pobreza es un bombillo de bajo voltaje)
porque no hacen más que alumbrar angustias.
Se va la luz
y la vecina enciende una vela.
Me gustan las velas,
me recuerdan
que lo único que tenemos contra la oscuridad
es una llama que se consume.

martes, 1 de noviembre de 2011

Vestigios

(Laura Owens)

De la vida queda una marquesina de recuerdos arbitrarios.
De la muerte queda una baraja incompleta, con la que ya no podemos volver a apostar la vida.
Tras la muerte queda el reloj de arena de la memoria de los otros.
Del sacrificio nos quedó una escalera con demasiados escalones.
Del olvido queda esa pequeña pelota que rebota en nuestra cabeza, siempre más ágil que nuestras manos.
De la nada queda la mancha oscura con la que la imaginamos.

lunes, 31 de octubre de 2011

Aire de domingo

(Bill Brandt)

La gente no tiene prisa los domingos.
Se tiene angustia, se tiene desesperanza,
pero no prisa.
Los vehículos circulan despacio
y las luces están más pálidas
o son menos
o la oscuridad es más densa.
Sólo sé que ese día
ni siquiera la tristeza tiene entusiasmo,
que los ruidos siempre se oyen lejanos,
que la conciencia se acolchona de hastío
y que el viento nos busca la cara.

domingo, 23 de octubre de 2011

Terraza II

(Byron Mármol)

Desde una terraza, de noche,
este pueblo es un oleaje de techos oxidados,
es una brisa de voces cansadas,
es un montón de luces pálidas que alumbran la miseria,
es un paisaje taciturno donde la apatía
suelta unos espantosos ronquidos de muerte.

lunes, 26 de septiembre de 2011



Se necesita mucho tiempo de convivencia
para saber
que no conocés a alguien.
Entonces mirás a tu pareja
-esa que elegiste para envejecer juntos-
la que esperabas que tomara tu entusiasmo
y lo transformara en alegría.
Nunca sucedió, pero se mantienen juntos.
Viste un puerto seguro y te lanzaste
aunque fuera un naufragar con salvavidas
lejos de tierra firme.
No hay por qué tener vergüenza,
para la mayoría de la gente
es suficiente con mantenerse a flote.

(Fotografía: Jackson Eaton)

viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Quién sos?



Presentarse es un problema,
siempre lo hemos hecho con las señas equivocadas.
Del tipo:
soy Mengano, hijo de Fulano, domador de costumbres.
O
soy el ingeniero X, el doctor Más.

Y eso es cuando estrechás la mano de alguien,
también está los documentos de identidad.
Esos pedacitos de plástico que pretenden definirnos
con un simple ejercicio visual.
Tendríamos que ponerles un apartado para nuestros vicios.
Es mucho más fácil deshacerse de una apariencia
que negarse un placer.
La mía diría algo así como
"Me llamo Alfonso,
y soy de esos que reciben la lluvia
con una taza de café en la mano".

martes, 19 de julio de 2011

Terraza I




Entonces, llega la hora de dormir
y aunque nunca logro pegar los ojos
siempre apago la luz.
La mejor forma de escapar
de un mundo con prisa
es quedarse quieto.

Me gusta la oscuridad,
me gusta porque es homogénea,
y cuando las cosas son homogéneas
no se nota el desorden.
La gente también es homogénea
aunque no le gusta recordarlo.

(Fotografía: Antoine D'Agata)

martes, 7 de junio de 2011

Canción de noche de lluvia




No sabés si te duele más
que el vestido no te quede
o que no tengás a dónde ir.
Te consumirás sola en tu dulzura
como los frutos en las tierras
sin campesinos.
Ahora el color de la vida
empieza a palidecer
junto a tu cabello.

No es tan malo.
Tu secreta afinidad con los muertos
(y una hamaca)
te reconforta en las noches de lluvia
y eso ya es algo.
Y como a la hamaca
le diste mil vueltas a la vida
y nunca lograste bailar con ella.
Bien, puede que la competencia
haya terminado,
pero no hay razón
para no jugar hasta el final.

jueves, 17 de febrero de 2011

Ritos domésticos



No has salido hoy
y los armónicos de la disco
cosquillean a la ventana.
La alegría se pavonea como una puta
a la que no has podido llegar al precio.
Todo esto es demasiado estúpido
pero lo estúpido es atractivo
cuando deseas degradarte.

domingo, 9 de enero de 2011

El ruido que produce una lámina bajo la lluvia


Ella vive en un hoyo (metafórico y literal)
un lugar donde la vida se consume deprisa
y el curriculum se escribe con tatuajes.
El cansancio sustituye a la inocencia desde muy temprano,
su único sentimentalismo
era ver el atardecer en espera de su esposo,
el pequeño lunar que formaba ante un sol
mutiplicado mil veces por las láminas de zinc.
Una vez el esposo no regresó,
un periodista le preguntó si tenía enemigos,
y ella dijo que no creía.
No aclaro si en los enemigos o en el esposo.
La única forma de ser imparcial
es viviendo en la cuerda floja.