viernes, 17 de noviembre de 2006



Las cosas que sueña uno si lee demasiado a Hesse y a Chejov:

Pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, siendo nuestros días sobre la Tierra como sombra.
¿No Te enseñarán ellos, te hablarán y de su corazón sacarán palabras?
¿Crece el junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?
Aún en su verdor, y sin haber sido cortado, con todo, se seca primero que toda hierba.
Tales son los caminos de los que olvidan a Dios; y la esperanza del impío perecerá.
Job 8, 9-13

El edificio era de un sólo nivel pero inusitadamente alto y exasperantemente gris, demasiado, incluso, para una oficina burocrática. La atmósfera era cálida y húmeda, los ventiladores blancos, suspendidos sobre largos y trémulos cables, funcionaban al máximo de su escasa potencia. La cola era larguísima, sin embargo no por el frente, la cola detrás de él era la inmensa, así el pobre tipo se sorprendió tanto de la rapidez con la que llegó a la ventanilla que titubeó para dirigirse al oficinista. Pero como los oficinistas no se andan con largas con nadie que no pueda ofrecerles un ascenso, este tomó la iniciativa con ese aire de autosuficiencia de quienes no obtienen beneficios inmediatos con la eficacia de su trabajo:

– ¿Ajá? –fue su escueta indagación. Esa interjección interrogativa fue suficiente para disipar la irresolución del tipo. Recordó la gravedad del asunto y sin más miramientos expuso su motivo de su llegada: –Quiero saber por qué me han anulado el karma –manifestó mientras prestaba atención al hombre del otro lado de la ventanilla y le extendía todos los documentos en los que constataba ser un Homo sapiens, en pleno uso de sus facultades e incluso con más pecados y virtudes que sus prójimos.

El hombre fue al interior del edificio donde se encontraban numerosos y altos archivos, que contenían una rebosante marejada de papel; sin embargo no vaciló en su búsqueda y extrajo un legajo tan pronto, que el querellante comenzó a conjeturar sobre si el empleado había ido a realizar otra tarea, ignorándolo completamente, o incluso si ya lo hubiese estado esperando.

El Fulano no apostaba mucho por la segunda opción, así que se sorprendió cuando este se dirigió a él, además porque repentinamente el hombre había cambiado su disposición de ánimo hacia un tono vital muy enérgico.

– ¿Todavía se atreve a venir a preguntar porqué hemos anulado su karma? ¡Usted ha renunciado a todos los dioses! ¿Necesita más motivos que ese? – ¿Renunciado? ¡No, nunca! Ellos jamás me tuvieron ni yo les conocí a ellos.

–Ah, ahora entiendo, –replicó el oficinista quien sonreía como sonríen los que descifran un misterio. – ¡Me imagino que es uno de esos existencialistas! Ja ja, claro, claro, aunque van extinguiéndose, al menos los que tienen rigor. – ¿Existencialista? ¿Cómo así? –De esos ateos que estudian religión. –Ah, bueno, sí, más o menos. Pero entonces, ¿qué puedo hacer? –Pues es joven, es impresionable, búsquese una iglesia que lo convenza, hay mucha oferta en el mercado actualmente. Por otra parte noto en su ceño y en su historia cierta inclinación literaria, así que si se le ocurriera escribir una nueva, por favor, aléjese de los desiertos.

Acto seguido le despidió con un grosero ademán y el siguiente de la cola emergió de su sopor y la fila siguió avanzando; cabizbajo nuestro intrascendente personaje obtuvo la única certeza de que su incertidumbre no sería resuelta; al salir a la calle inhaló profundamente mas no tuvo inspiración alguna.

1 comentario:

Crustáceo dijo...

MANO!! ese cuento es como q...JOJOJOJO en serio...lobo estepario ud me llega mucho...es un buen canino.
Se me cuida. Saludos.
Crustáceo Pictórico