jueves, 14 de enero de 2010

la vida sigue

El deportado baja de un bus en la apacible convulsión de una terminal de buses costeña. De regreso a esa tierra que ya nada le significa, una fila de casas teñidas de descuido, el marco de los primeros pasajes de su imaginación, todo familiar e indiferente, ahora es el deportado (con acento fingido, unos cuantos dólares de fácil desperdicio y todo), un estigma nuevo pero ya no duele, es un prejuicio como cualquier otro, yo sé que es difícil ser cool con tan poco dinero pero si la vida es loca debe continuar.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Mensaje guardado en botella en fondo de barranco

(Fernando Reyes)

Hace mucho tiempo escucho voces y ni una palabra
y mis ojos maltratados se refugian en la nada y se cansan
de ver un montón de caras y ni una mirada.

Callejeros, Una nueva noche fría.





Seduce el vértigo de la aniquilación


(soldados armados disuaden [¿?] a los suicidas)


las sirenas se oyen en todas partes


pero acá no atrae el canto de animales mitológicos


son las voces las que empujan.





Las covachas eclosionan en rincones insospechados,


(cada día la vida regatea una prórroga a la dignidad),


la luz naranja de la tarde intenta teñir


las paredes desnudas del asentamiento,


una atmósfera tranquila casi apacible,


acá donde hay algunas cosas que parecen y no hay nada que sea.


Hay un calorcito interno antes del fin


y la esperanza es gris porque está hecha


de ilusiones incineradas


reutilizadas


aquí las cosas son las mismas pero también nuevas


según cambian de manos.


Al fondo del barranco


la muerte continua fertilizando el olvido,


las frustraciones se heredan y hasta los sueños se reciclan



por eso este país es gris y verde


(todo suicidio es un performance poético).

jueves, 12 de noviembre de 2009

Pensamientos de un hombre cansado bebiendo café

(Andrée Tracy - Stay)



Una gran lista de pendientes,
en verdad enorme,
tacho uno hoy y quizá otro en 3 días.
El oficio doméstico se parece al descanso,
(el sonido de la lavadora
tiene no sé qué de hipnótico,
me siento a esperar la iluminación chejoviana)
el estudio se parece al sueño
y la soledad se robustece con las tareas.


Cuando pienso en soledad,
imagino un enorme plato blanco
y puedo oír el tenedor arañándolo
entre los restos de una cena recalentada y fría.
Ese sonido es el soundtrack de mi locura,
tengo pesadillas con él,
me da dentera,
me provoca pirosis,
intento aplacarlo,
es por eso que como mientras escribo,
o mientras oigo música
o mientras lavan el carro,
no importa, es siempre mientras "hago" algo;
por eso pienso que me haría bien tener varias vidas,
a todo suicida se le debería conceder esa prerrogativa:
todo lo inútil busca justificarse.


martes, 3 de noviembre de 2009

Hombre con prisa mirando reloj

(Josef Koudelka)




Mierda para las palabras sin sangre, mierda para los que explican la vida con elegancia y corrección gramatical.

Nélida Piñón, El jardín de los Olivos.

Te prometo anarquía me decís

con ese gesto... ¿cuál gesto?

Ese gesto inadvertidamente ostentoso

de quien se siente dueño de sus horas,

de quien puede renunciar a su independencia

porque vive entre sus libertades,

de quien me pide las horas de un reloj aceitado con renuncias.

Lo peor de todo es tu paciencia,

(sí, me aburre la gente que hace de mi

una buena persona)

dejá que la envidia

me corroa un poco el esófago,

porque podrás imprimir en ésta frente

la fecha de caducidad de mi tormento

pero eso no atemperará esta apurada desesperación.

Así es, los nudos de un capricho no se deshacen con caricias.

martes, 14 de julio de 2009

sunday morning




Los sábados en la noches la gente cuelga sus obligaciones en el perchero. Por alguna razón esto me produce tristeza, esa desnudez inadvertida, lo poco que es la gente sin sus obligaciones. Se emborracharan desnudos hoy y mañana amanecerán invisibles. La vida es un intento de alcanzar el cielo mientras la muerte nos alcanza, empolvados, en la construcción de una escalera que nunca será lo suficientemente alta. Debe haber otra manera. No se puede volar con pasos de piedra. La luz de la mañana glasea las cortinas. La abro. Hay un universo ahí afuera. No sé que hay acá adentro. El sosiego de la resignación, poco más, una eternamente renovada concesión a la mediocridad de no ser uno mismo. Nunca deja de asombrarme cómo puede construirse la vida sobre la renuncia. Así, últimamente mi vida depende de todo menos de mí, esa debería ser la verdadera definición de la pobreza.

(Fotografía: Angela Pablo)

miércoles, 1 de julio de 2009

Eugenesia




Dicen que en el futuro todos tendremos el fenotipo y el genotipo perfectos, con órganos que siempre se formarán bien y que no concerán la degeneración; así arribaremos a una vejez sin arrugas ni fatigas hasta que la imprudencia o la buena planificación demográfica lo decidan. Entonces todos los días serán miércoles, la felicidad caerá como lluvia y la historia será una anecdotario de pasiones incomprensibles cuya barbarie se diluye gracias al avasallador Avance de los Tiempos. Una sociedad así podrá inventarle cura hasta a la perplidad pero no al absurdo. Por eso imaginaba que tal vez en el futuro haya un hombre que engulla su alimento, calculado automáticamente a su peso y esfuerzo, y piense en todas esas labores a las que nos dedicamos ahora, tan prontas a la obsolencia. Y bueno, no mencionada eso porque me importe un carajo la caducidad de mi esfuerzo porque para entonces ya estaré bien muerto y olvidado. Solo me preguntaba si ese superhombre podrá sentir algo de la visceralidad de nuestra obstinada sobrevivencia.

martes, 23 de junio de 2009

like a rolling stone



No importa que tan alto se apunte la pedrada
siempre se termina en el piso.
Debe haber algún tipo de trascendencia en eso
pero hoy soy piedra y no movimiento.
Si tuviera la embriagante entrega del mártir
o la sosegada renuncia del santo
podría insuflarse en mí
algo menos perecedero que la esperanza.
Quisiera llorar pero apenas bostezo,
no se puede hacer piras con las cenizas de los muertos.

martes, 26 de mayo de 2009

auto-promo



¿Qué tal gente? Les cuento que ando de invitado en algo así como un proyecto antológico de nuevos autores chapines en esta dirección: http://www.teprometoanarquia.blogspot.com/, así que gracias a Rafael Romero y a quienes visiten :)

miércoles, 20 de mayo de 2009

Ceremonias



Hay tardes de lluvia en que uso el ejercicio de la introspección como un pretexto para abandonarme a la melancolía. La noche llega inadvertida o displicente y en sus horas más oscuras la soledad es un bomba de vacío en el abdomen, el desarraigo es un cinturón cálido que constriñe la cabeza, el mundo es un rumor y una película gastada y me instalo como un invitado en mi propia intimidad. Suena el timbre y recibo la cena (tampoco hay ganas de cocinar). Me siento en el balcón de la ventana y espío algún gesto de entusiasmo en la calle. En estas tardes ver a la gente caminar por las calles es un ritual de satanización de mis ídolos, los cuales exorcizo en las horas desveladas de la misma noche. Como las ciudades americanas, me gusta construir sobre mis ninguneadas ruinas. Es así que no pierdo la esperanza de que algún día pueda deshacerme de este ridículo miedo a lo cursi y pueda decir que el hogar de mis sueños no tiene arquitectura, es el lugar donde encuentre la felicidad.

martes, 12 de mayo de 2009

Mañanas frías



Con las lluvias vienen momentos

entre el despertar y el levantarme,

en que el pasado levita

como un espectro familiar y desagradable

que se muestra por ráfagas y con velos.

Acá mi educación,

nada más que un abandono

a las inclinaciones de mi imaginación.

Luego la experiencia,

ese convulso transitar en este túnel

donde cada paso ha sido la clausura de lo recorrido,

avanzo, monotonamente avanzo en el túnel hasta cansarme

entonces acomodo mis cosas en cualquier cuarto

y me reinstalo en la vida

como en un hotel de paso cualquiera

provisional como todo pero con relojes, camas, ventanas,

nuevo testigo de los rituales de mi impostura

pero hay en su reloj, en su ventana, en su cama

una blandura, un rayo de luz, un timbre

que logra activar un rescoldo de espereranza, un sedimento vital,

algo, que me permite seguir recibiendo mis deberes con un su respectivo

¡Buenos días!

Imagen: Mojca S. - Waking up

lunes, 27 de abril de 2009

On the road




Cambiar la ruta fue diversificar el paisaje y el clima pero los caminos eran todos el mismo desastre, con ampliaciones, reconstrucciones, recapeos y baches en todas partes. Pero qué podía importanos el policía descortés que no podía dirigir el tráfico, o las camionetas sobrecargadas con sus conductores, si se les puede decir así, de un imprudencia tan temeraria que ya quisiera Hollywood poder imitar. Nada podía importarnos porque celebrabamos este despilfarro de tiempo como un mendigo podría disfrutar algún brindis con una botella de champaña tan costosa que jamás habría considerado legítimo desear. Porque era nuestra forma de zafar el bulto a nuestras obligaciones que seguían esperándonos como un veneno liquenificado. Entregados a esa costumbre tan nuestra de planificar salidas eligiendo cuidadosamente el destino sin preocuparnos en planificar qué hacer. Y las colas y los baches y esa irresolución de antes de partir, nos hizo llegar tarde y hambrientos y con otras necesidades y optaste por usar un baño de esos restaurantes fufurufos y en el que nos quedamos a comer por mis complejos pequeñoburgueses y cuya buena comida no justificaba los precios y que, además, nos endosó una diarrea que se le ocurrió manifestarse hasta que ya ibamos adelantados en el regreso y andábamos ahí en la carretera, buscando un baño limpio que nunca aparecía mientras el carro se sacudía como lo haría una lancha humilde al cruzar el Atitlán durante el xocomil, lo que contribuía a mis retortijones y a mi incipiente diaforesis todo lo cual me proveía de una expresión que ibas registrando para burlas posteriores para cuando las bromas fueran mejor recibidas. Hasta que al final de una curva se apareció una venta de artesanías, nimbada por nuestra ansiedad y tuvimos que prestarlo y usarlo como si no existiera la vergüenza y sentimos que eso era la confianza. A la salida, por vicio y agradecimiento, compré una bebida no muy adecuada para la situación y me diste tu mirada de tierno reproche pero te salí con un pretexto tan elaborado que no tuviste más remedio que ponerte indulgente, aunque quizás lo hiciste para solicitar un poco de esa indulgencia por quedarte dormida el resto del viaje (como si tus deberes y desvelos fueran punibles). No dejaba de sorprenderme que tu sueño pudiera soportar tanto zarandeo y me sentía obligado a acomodarte en los momentos en que el camino no reclamaba mi atención y así, poco a poco, llegamos a la calle que conduce a tu casa y agradecía la feria y todo obstáculo que postergara lo inevitable, sí, porque nuestro egoísmo no consentía que todo aquello hubiera terminado y siguiera siendo un día soleado.

viernes, 17 de abril de 2009

poetas


(...) oh, hermanos, somos la escoria
de nuestra especie.

Charles Bukowski.


Poetas:

Tribu endogámica que se encierra en sus libros a lamentarse de su soledad. En su idiotizante erudición se han sumergido en una etapa mágica en la que se creen provistos de una sensibilidad divina que les exime de todo deber. Son buenos artesanos y sobresalen en la elaboración de giros lingüistico y en el pulimiento de ilusiones que trabajan hasta volverlas indeseables. De distribución mundial, carecen de territorio propio pero se les puede reconocer en las grandes ciudades porque dan la espalda mientras esperan el aplauso.

(pregúntame de nuevo por qué escribo y te invitaré a mi club de voyeurismo literario).

miércoles, 1 de abril de 2009

Mi país es un carnaval melancólico

Moravia, Olomouc, Carnaval, 1968, por Josef Koudelka



Demasiado temprano
escupí en los lugares
que la plebe consagra para la reverencia.
Y entre la multitud yo era como el perro
que ofende con su sarna y su fornicación
y su ladrido inoportuno, en medio
del rito y la importante ceremonia.
Rosario Castellanos, Monólogo de la extranjera.


Mi país es un carnaval melancólico
que ofrece módicas tentaciones
como incurrir en la política
y trazar el camino más corto a la desilusión;
o ser un consumidor responsable
y comprar tan solo a abusadores tiranizados;
o un ecologista
que reforesta le leña y la pastura del mañana;
o un visionario
que le invente identidad a esta miniatura fragmentada;
o un poeta inoportuno
que habla de náusea a un pueblo muerto de hambre.
Pero he dejado ya de aspirar a tan altos simulacros.
El tercer mundo ha dejado una impronta indeleble
en mi perspectiva epistemiológica.
Ahora soy solo un intento
de vanguardista del subdesarrollo.